Olvidar

Cerró los ojos. Se la llevó con el pensamiento hasta el claro de un bosque encantado  que había dibujado para ella. La ató con delicadeza a un hermoso  árbol.  “Tienes que quedarte aquí. He de olvidarte. Te amo”.  Sin mirarla, echó a correr y se perdió en el bosque dejándola atrás.  Abrió los ojos.  Era verdad.  Ella ya no estaba. Pero él tampoco. Se había ido a buscarla. ©

Lobos

Esa noche, cuando empezaba  a dormirse, escuchó aullar a sus lobos.  A todos menos a uno. Silencioso e inmóvil, el lobo encadenado esperaba al sueño. Sólo cuando el mundo se apagaba se atrevía a emerger de entre las sombras arrastrando unos pasos sus cadenas.
– ¡Vete!- le gritó al verle frente a ella.
–No puedo- respondió el lobo. -Me tienes atado-.
Se tapó la cara con las manos para dejar de ver su imagen en el espejo. Y en la quietud del sueño, donde nadie podía oírla, aulló. ©

Háblame

 –         Confío en ti.
–          No lo hagas.
–          No te hablo a ti. Ni hablo yo. Lo hace la persona que llevo detrás de mí y me sostiene. Es ella la que habla a ese que también a ti te sostiene desde atrás. Déjales.©

La puerta

Temblando, toqué a la puerta de mis miedos. Estaban en casa. Podía oír sus tenebrosas letanías reptando hacia la entrada. Acercándose. Pero no me abrieron. Temían que me atreviera a mirarles a los ojos. Eché la puerta abajo. Y no había nadie.©