A dentelladas

Entre las fauces de la dulzura
un hombre calla.

Y escucha a un niño reír
a dentelladas.
Imperiosas,
trizadas de anhelos y deseos
que no tienen nombre.

¿De dónde sale la voz de ese niño
que ríe y ríe a mordiscos
dibujando en el aire
volutas de tiempo azul?

Acaso solo sea el recuerdo
de cuando la risa iba delante
porque atrás había apenas nada,
de cuando la ternura
no era un velo triste en la mirada,
ni la huella de una derrota mansa.
Sólo un darse sin miedo,
a cada instante,
sin cautelas.

Entre las fauces de la dulzura,
un hombre llora.©

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