A dentelladas

Entre las fauces de la dulzura
un hombre calla.

Y escucha a un niño reír
a dentelladas.
Imperiosas,
trizadas de anhelos y deseos
que no tienen nombre.

¿De dónde sale la voz de ese niño
que ríe y ríe a mordiscos
dibujando en el aire
volutas de tiempo azul?

Acaso solo sea el recuerdo
de cuando la risa iba delante
porque atrás había apenas nada,
de cuando la ternura
no era un velo triste en la mirada,
ni la huella de una derrota mansa.
Sólo un darse sin miedo,
a cada instante,
sin cautelas.

Entre las fauces de la dulzura,
un hombre llora.©

El mago

En el país de los unicornios había un viejo mago. Lo sé porque un día me encontré con él. Surgió de la nada una noche de invierno envuelto en su capa negra.
Me tendió su sombrero del revés y dijo: «Mete la mano. Saca de su interior un sueño y cruzará contigo la frontera de la realidad».
Desde entonces el viejo mago es real. Porque fue a él a quien saqué del fondo de su chistera.©

La tinta invisible

Había encontrado en los ojos de aquel hombre un  reactivo que hacía legibles las historias aradas en su piel blanca con la tinta invisible de lo ignorado. Y vio cómo empezó a leer los surcos en su rostro, en su cuello, en los brazos…
-¿Qué ves?, le preguntó en voz baja.
…en el pecho, en su vientre, en las piernas. Por todas partes labrada.
– Canciones de cuna-, dijo al fin en un susurro. -Responsos. Letanías y trovas.  Muchas palabras de adiós. Poemas que no comprendo-.
– Léeme en voz alta -, suplicó.
Pero entonces apareció el viento.
– No es posible- le oyó decir. -Ya no está. Ni ha estado nunca. Te has despertado.- ©