Peces

«De niña jugaba a ser un pez. Imitaba su silencio. Y sus ojos siempre abiertos. Callada y quieta, el mundo se volvía agua. Dejaba de tener paredes.
Imaginaba que la respiración eran sus aletas. Se movían despacio. Lo justo para mantenerla sumergida. A salvo de la superficie.
Hasta que alguien aparecía. Y le hablaba. Su océano de agua se precipitaba por el sumidero de la realidad de los otros.
De vez en cuando, todavía recrea aquel mundo callado. Sin paredes. Igual que hacía de niña. Pero ya no es un juego. Ni ella un pez. Solo se busca a sí misma.» ©

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